12 de Abril de 2005 05:08 PM

Exposición de J. M. Olmo en el Aeropuerto de Madrid

Por Joan Lluís Montané

José Manuel Olmo está exponiendo del 18 de marzo al 10 de mayo en el Aeropuerto de Madrid, en la Terminal T-2 y en Casadecor, del 6 de abril al 7 de mayo. Su obra pictórica, realizada en su mayor parte sobre tabla, busca la fuerza de la madera, explorar y explotar las posibilidades de desarrollo de la densidad del grosor, que solo se insinúa. Emplea técnica mixta, decantándose por gamas de azules, ocres, marrones y rojos.
Los azules son misteriosos, potencian la sensación de búsqueda del enigma, mientras que los rojos, son intensos, contrastados, en los que se perfila la evidencia de la biología.

Los marrones son tierra, materia, concreción y evidencia, mientras que los ocres son elementales en su persistencia espiritual, dado que se interrelacionan con una cierta simplicidad cromática, que es la que potencia su aspecto evanescente. Pero el resultado final de su obra es muy expresivo, dotado de fuerza, prácticamente dentro de los parámetros poéticos, en los que subyace la idea radical de la búsqueda de la belleza en la expresión de lo singular. Son momentos, refleja instantes de la conciencia, que tiñe de color, que intercede a partir de segmentos matéricos, en los que lo más significativo es su culto a la composición.

Gruta

"Gruta" - Técnica mixta

Desfiladero

"Desfiladero" Técnica mixta s/ tabla

TablaXXXIII

"Tabla" Técnica mixta s/ tabla



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Olmo, mancha, materia, relieve, expresividad

Se adentra en la mancha, persiste en la velocidad del color, sintetiza actitudes pragmáticas y estéticas, se sumerge en diálogos entre la composición y la ordenación de la evidencia matérica.
Exhibe formas geométricas, estructuras en las que el soporte predomina, tabla, madera, que es densa, que solidifica la composición.
Busca el relieve, a través del contraste de la materia, incrementado por el aporte cromático que pretende resaltar la expresividad.

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TablaXVII

"Tabla XVII" - Técnica mixta

 

 

TablaVII

"Tabla VII" - Técnica mixta



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Es un informalista matérico porque bebe de las fuentes de la madera, como si se tratara de un material sagrado, que sacraliza, con solemnidad austera, sin emplear subterfugios. Es sutil, pero, asimismo, llano, sincero, pinta estadios de la conciencia, pero también, simplemente, sensaciones, persistencias y reflexiones.
Sus momentos consisten en captar pequeñas similitudes matéricas y formales, para desarrollar, a continuación, grandes contrastes pero integrados en una evidente armonía. Buscador de la materia, ferviente defensor de la esquematización de la geometría que, presenta, contenida en el discurso cromático, dentro de un tratamiento espacial, en el que predomina la idea de control dinámico. No hay hieratismo, no busca asimilar zonas cromáticas, sino perfilar un discurso basado en la libertad de todas las partes para ser ellas mismas en un discurso bien estructurado.


Los paisajes interiores y la senda de lo reflexivo en la obra de Olmo

J. M. Olmo es un pintor que posee una orientación intimista, tanto en el tratamiento de la materia, como también en los materiales que emplea. Configura, casi sin darnos cuenta, un poderoso mundo personal, basado en la fuerza pragmática de la estructura, que exhibe de manera insinuante, en ocasiones prácticamente imperceptible, pero siempre está ahí. Se trata de evidenciar que la materia, en este caso el soporte de su obra pictórica, es real, existe, posee autonomía propia, es producto del azar y también de la intervención del artista.
Transforma la fuerza que surge a partir de la materia, que es esencia de la energía, dado que es el producto de su génesis.
Delimita espacios, conforma diferentes planos, unas veces son las propias irregularidades del soporte y, en otras ocasiones, es el color. Mejor dicho la manera de disponerlo y de nutrir todos y cada uno de los recovecos que forman parte de su pintura. De ahí que exista también una impresión de movimiento, de obra dotada de energía, que se sale de los poros del soporte, que continua el legado ancestral.
La madera, las tablas que le sirven de soporte, cobran protagonismo por si mismas, porque, en líneas generales, forman parte de una misma estructura que no es desligable del resultado plástico final, sin cuyo concurso nada sería igual.
No están por azar, dado que el autor precisa abrazar la materia en su estadio más primigenio, para dominarla, modelarla a su antojo, preservándola a nivel estructural, pero transformándola completamente en el ámbito cromático.
Gracias al empleo de las maderas la obra de paisaje interior que se deduce de su apuesta toma las riendas hacia la senda de lo reflexivo.
En ocasiones, da la impresión de que son temáticas muy próximas a nosotros, están muy cerca, como si las hubiésemos visto alguna vez. Y ello es así porque se trata de auténticos paisajes, pero, sin embargo, forman parte del bagaje de la abstracción, porque no se acaban de materializar. Nos movemos en el terreno de lo posible, dentro de una actitud de reflexión del autor, que, descansa, en su manera de acometer la composición. Controla su expresividad, porque quiere y, de hecho consigue, una especial manera de intuir la propia capacidad interior de afrontar la realidad física, las circunstancias que nos rodean, que son vida en sí mismo.
En su obra establece un recorrido a través de las formas de los materiales, de la posición de sus irregularidades, de los recovecos, constatando la evidente voluntad existente de ser.
Mar poético, acantilados sensacionales, interior de grutas, magmas, estructuras de la geología, tierras de diferentes texturas, ¿producto de la imaginación, simple casualidad, factor añadido o bien el resultado de sus anhelos, de su constante búsqueda alrededor de sí mismo, de su esencia? En ocasiones, parece querer atraparla en la singularidad de lo evidente, en la fuerza de lo emblemático, en la capacidad de ser entidad natural, al servicio y alcance de las mentes sensibles, de todas las mentes, pero están obstruidas por las eternas nubes de lluvia.
Transmite un sentimiento de recogimiento, pero, a la vez, de fuerza, de sensibilidad enraizada en la propia dinámica de la vida. Se trata de la obra de un artista que se nutre de la voluntad de abstraerse de una realidad que no acepta del todo, pero que en la que se encuentra cómodo si no escarba en demasía.
Capta el silencio de la reflexión con todos sus matices, porque configura múltiples caminos que, en ocasiones, convergen y, en otras, no. Existe pues una dinámica viva, evidente, que se aleja de las especulaciones estéticas vacías, de los gestos directos, para adentrarse en la determinación de los planos, el estudio de los cromatismos, con el debido respeto a la materia.

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte

Publicado por: Artesur Fecha: Abril 12, 2005 05:08 PM
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