1 de Marzo de 2005 12:54 AM

Francisca Blázquez expone en el Casino de Marbella

Por Joan Lluís Montané

Desde el 3 de marzo al 13 de abril de 2005

Francisca Blázquez, el color como instrumento dimensional

El color es el instrumento dimensional fundamental en la obra de Francisca Blázquez. A través del color define la forma, acariciándola, en ocasiones, casi como una sugerencia, en otras el color es definidor, significa la fuerza del cambio, la traslación formal, la ruptura con lo establecido, la potenciación de la composición al espacio, allí donde las geometrías juegan con los ángeles, con los espíritus puros, con los paradigmas de la existencia.

No hay cortapisas, solo ansias de libertad, de conseguir liberación, de constatar la formulación evidente de la materia, para luego olvidarse de ella.
Fondo negro intenso, conformación de cilindro azul, con matices de blanco, esfera alargada en el centro. Haces de luz que cantan poemas a las formas esenciales, que conducen a la cromaticidad a los tronos del Dios del universo, aquellos que se conforman a través de los hilos dorados, de la senda de cristal que trasparenta el cosmos infinito, presentándolo sin fin, sin límites, sin principio, existe por sí mismo, pero está siempre en formación, transformándose.

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Francisca Blázquez - s/t

Los fondos negros son fundamentales porque dan carácter a su obra pictórica, son los sostenedores de la fuerza del espíritu, dado que, sin potencia ni voluntad, la espiritualidad no se puede construir con determinación. El mundo está creado bajo los auspicios del ying y el yang, y de ahí que, tanto la ausencia de color, el negro, como el blanco símbolo de la luz celestial, de la ausencia de materialismo, acompañen la producción dimensionalista de la artista nacida en la capital de España y enamorada del mar, como símbolo de liberación hacia el cielo acogedor.
Blancos de fondo, luz y espíritu. Negros, ausencia de color, voluntad de contraste, escenografía teatral en la que las formas son los actores del mañana. Hay cambio constante, existe la progresión de lo estructurado, entendiéndolo como parte del proceso, del camino que se debe recorrer con la visión clara.
El rojo es sangre, fuerza, potencia, sinómino de vida, pero también es fidelidad, franqueza, direccionalidad en el deseo, convicción y determinación. Convicción asentada en los parámetros de la evolución en la versión más intima de lo establecido. El rojo es quien gobierna el universo, porque es producto de la combustión de la materia. Se trata de una actitud en la que prevalece la energía como fin último, como punta de lanza que desarrolla el cambio en la materia, difuminándola, transformándola, pero sin que la esencia de la energía se constate a simple vista. La materia es la representación formal de un estadio determinado de evolución de la energía.
Por su parte el azul es sensualidad celestial, espiritualidad, descansando en la necesidad de ir hacia las nubes, para perderse en la densa niebla y ahondar en el huerto de las lluvias y de los vientos. Los colores en la pintura de la creadora multidisciplinar no obedecen a leyes físico-químicas, sino a la intuición y a su capacidad de evocar simbólicamente nuevas alusiones.
El amarillo es contraste, evidencia, representación de la determinación en la fuerza cromática, en otras palabras: iluminación.
El blanco y el amarillo son dos colores que constituyen el sendero, uno, el amarillo porque es el hilo de oro que nos evita perdernos en el laberinto de Ariadna; mientras que el blanco, es la pureza, la convicción de corazón de que la iluminación existe, de que la verdadera vida empieza con la ascensión. El blanco de la pureza nos traslada a una concepción esencialista en la que no hay término medio, porque no existen los matices en una habitáculo celestial en el que todo es limpieza. Las diferentes graduaciones de pureza, corresponden a otros estadios de la existencia, a seres que están en progresión y que necesitan la dinámica de los grises para auto justificar su ansiedad en aras a ser cada vez más perfectos en el camino del espíritu, devoción, pero con el norte muy claro, con la fuerza de la determinación, empleando los sentimientos y también el alma, que es tan grande como los universos más infinitos. De esta manera alma, belleza, amor y ciencia se unen, a partir de la cromaticidad de la geometría en el espacio. El color como instrumento dimensional, como principal actor del docudrama, de la escenografía profunda de la pléyade de sentimientos que nos invade con lenta determinación, pero con una constancia propia de los milagros actuales.

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte


Espacio infinito


Dimensionalismo, la búsqueda espiritual del siglo XXI

Francisca Blázquez se reivindica a sí misma, a partir de un lenguaje totalmente personal, basado en su propio acerbo artístico, formado por ideas que le dictan procedentes de otros planetas, dimensiones, comunicadas por hipotéticos seres o deidades, o bien desde energías superiores, que irradian fuentes inagotables de conocimiento. Otras imágenes proceden del plano onírico, del mundo de los sueños, pero, la creadora no suele levantarse por las noches debido a una idea que le hayan dictado en los brazos de Morfeo. Más bien, su forma de crear surge a partir de la práctica diaria, del trabajo constante, de los rayos de sol que inundan su estudio, o bien, cuando menos se lo espera, en cualquier instante del día, pero, fundamentalmente, cuando hay luz del sol y el cielo azul nos ilumina a todos, deseándonos una buena jornada.
No es durante la noche cuando mejor se inspira. De todas formas la luna está presente en su obra, porque como planeta y por su potente energía forman parte de su iconografía plástica.
De manera espontánea Francisca se conecta con el inconsciente del universo, como si fuera una correa de transmisión. Su cerebro capta formas, procesándolas y, luego, en su obra, se encarga de desarrollarlas plásticamente. No busca ninguna utopía, dado que su lenguaje no es político, al modo de las corrientes al uso, porque ha superado los conceptos teóricos que nutren el planeta de seudo propaganda que no tiene finalidad concreta, confundiéndose con las ondas electromagnéticas del espacio en el sentido metafórico del término. Tampoco le interesa consolidar una visión plástica alejada de la sociedad, buscando la fusión o el maridaje posmodernista.
Además, no tiene ninguna intención de sorprender, porque, en el querer romper esquemas al espectador, subyace una pobreza plástica, una falta de sinceridad que separa a los artistas de sus fuentes naturales. Distorsionan su discurso porque les desvían de su propia coherencia interior, adoptando posiciones que están mucho más de acuerdo con el mercado que con la necesidad de elaborar una creación auténtica.
Francisca Blázquez elabora, en contrapartida, una innovadora teoría de las formas, el Dimensionalismo, basado en un estilo plástico espiritual. Evoca, sin quererlo, de manera directa, el legado de los hombres sabios, de los animistas, santos, profetas de todas las religiones, indios del Amazonas y chamanes. Un lenguaje que habla de la existencia de un mundo anímico, de espíritus, de formas que se esfuman, desvaneciéndose en el aire, desmaterializándose. No demuestra una actitud clara de lograr o reivindicar la espiritualidad como valor intrínseco en el sentido teórico, sino que expresa lo que es, en realidad, por sí misma: un ser de luz. No le hace falta rodearse de parafernalias extrañas porque el enigma es su propio yo, que hace mucho tiempo que ha hallado la paz, dentro de la serenidad de quien se sabe poseedora de la llave del cielo, aunque tampoco lo vocea. Es la guardiana de la serena belleza espiritual, a partir de acometer una obra basada en la pureza de los ángeles, en el legado del universo más sensible, en el que todo tiene sentido, hasta aquello que es completamente ajeno a él, convirtiéndose, en contrapartida, en pieza insustituible.
No hay energía negativa, su obra procesa las malas vibraciones, concentra, a través del color, toda la potencia espiritual, que descansa en la serena visión de la realidad más allá de los límites. Vacía su interior, se serena con su conciencia, surgiendo de su fantástico mundo formas que son intangibles, pero, a la vez, evidentes. ¿Qué quiere decir con todo esto? Significa, en primer lugar, que busca coordinarse con la transmutación de la materia, porque en el siglo XXI no tiene sentido representar formas hieráticas, utopías románticas teóricas sin sentido, sino, más bien, una progresión de las ideas, a partir de tener en cuenta los avances científicos, la desintegración del átomo, la física cuántica, la posibilidad de viajar a otros planetas por la vía rápida, las teorías de la desintegración y reagrupación molecular. Juega con la ciencia ficción, con la ciencia del futuro, pero, también, indaga en las posibilidades de la investigación química, las ubicuidades generadas por las teorías próximas al principio de la causalidad.
La geometría es históricamente tan antigua como la evolución de la humanidad. El hombre primitivo representaba escenas en las pinturas rupestres cuya influencia era de ascendencia geométrica. Las culturas africana, polinesia, indonesia, aborigen australiana, maya, azteca, el animismo de los indios mesoamericanos, indígenas del Amazonas y de otras latitudes así lo atestiguan en diferentes estadios del paso del tiempo y las civilizaciones. La abstracción geométrica forma parte de la vida del individuo, y, por lo tanto, está dotada de autoconciencia, de una aura mágica, que la transporta hacia otras latitudes, que la convierte en símbolo. Francisca Blázquez es la continuadora de los chamanes, indios, mayas, hombres y mujeres espirituales de todo el mundo, sin caer, por ello, ni pretender tampoco reivindicar una manera de ver las cosas prácticamente al hilo con una visión rompedora con respecto a la sociedad de la tecnología. Precisamente todo lo contrario, quiere ir a la par con los avances científicos, con el progreso de la ciencia, con la actitud de los científicos preocupados en conseguir una evolución coordinada con la humanidad. No le interesa el enfrentamiento social, ni tampoco busca adoptar una actitud de ironía con respecto a la propia evidencia de lo creado, dado que la esencia de las cosas, siempre en movimiento, se coordina con los deseos y apetencias de los seres humanos.
Emplea el cilindro de luz como medio para viajar de una dimensión a otra, transportando materia, desintegrándola y volviéndola a recomponer. Cilindros de luz que, dentro del lenguaje de la ciencia ficción, también sirven para transportar personas, si la ciencia estuviera más avanzada. Hasta ahora la armonía entre fe y ciencia, espiritualidad y tecnología se contemplaba como una ecuación incompatible. Con su aportación se constata, precisamente, la armonía entre ambas concepciones. No hay imprevisión en su pintura, porque siempre ha llevado a cabo una evolución natural en las temáticas, a veces visceral, en otras ocasiones, producto de la más serena visión. Es decir que no hay artificiosidad, no existen los planteamientos rebuscados, porque no le interesa la obra compleja por sí misma, sino según se lo vayan demandando las necesidades de la propia temática.
Viajan las formas, gracias a la contribución de la luz, de los cilindros de luz, pero, también por la propia inercia que posee el universo. Una inercia que se nutre de materia, sujeta a transformación, en la que inciden energías de diverso signo, que transforman estructuras moleculares, que cambian procesos, que desarrollan otros, siempre en línea con la luz cegadora que está en permanente vigilia, que se encuentra libre, sin ataduras, porque no tiene prejuicios, dado que su potencia es tal, su poder es omnipresente, que no precisa disimular su cometido.
En determinadas obras la artista exhibe otras formas que están flotando en el espacio, como suspendidas, recreándose en la placidez de las mismas, en la serena navegabilidad, que parece no tener fin, dado que avanzan hacia el infinito de un universo que no conoce los límites. En este aspecto las formas ocupan los primeros planos, la visión de sus ángulos, de sus recovecos, de los detalles, como si fueran objeto de un seguimiento desde un observatorio especial. Son formas que están ahí, que van y vienen, que suben y bajan, que ascienden y descienden, ocupando distintos enfoques según su posición. Mantienen, como es lógico, su coherencia como tales, pero siempre inoculando la idea del cambio, de la variación de su posición. En este caso se trata de formas complejas, que están formadas por distintas estructuras, que son como arquitecturas actuales de cariz futurista, pero totalmente insertadas en la vanguardia de la nueva geometría.
Hay determinadas formas, que se asemejan a paisajes abstractos, otras que recuerdan caras, seres humanos y caballos, dentro de un espectro menos lumínico, más material, incidiendo en el tema arquitectónico, remarcando la fuerza del contenido, la mirada de conjunto de la composición que se mueve dentro de un cierto doble juego: por un lado presenta una visión geométrica abstracta; mientras por otro, una mirada de la obra desde lejos puede darnos como resultado que veamos algo que se asemeja a un rostro, y, en otras ocasiones, nuestra retina nos comunica la visión de unos caballos o de ojos que nos observan. Pero la verdad es que todo depende de los ángulos de enfoque y de los planos.
Su imaginación es poderosa, sugiere y transforma, constata una cierta variación en el conglomerado de geometrías formales en que la artista trabaja, dentro de planteamientos que están influidos por sus estados de ánimo, además de por imágenes de hechos y sucesos de la vida cotidiana. Constatamos una cierta predilección por la utilización de formas compactas, que no son delicuescentes, es decir que no se derriten, porque su hábeas matérico es tal que apoya la fuerza de la propia idiosincrasia de la temática basada en la abstracción dimensionalista, creada a partir del juego de formas en diferentes zonas para hallar el desarrollo narrativo más adecuado a una geometría actual. Esta no tiene referencias muy concretas del pasado, se ha generado por la necesidad de la artista de avanzar con la mirada puesta en el horizonte, en el desarrollo de paisajes con fondo, de equilibrios compositivos que han surgido del conciente en su pugna con la imaginación desmedida que se muestra más visceral e indignada, porque quiere ir más allá de las circunstancias e implantar una lógica que divaga entre el cromatismo explosivo y la presencia elegante del negro como fondo habitual de una gran parte de su composición. Negro que, para la creadora multidisciplinar madrileña, es color intenso, vibrante y camino que abre las puertas de la propia espiritualidad. Ello no quiere decir que renuncie al pasado, pero tampoco se recrea en el.
Caras, rostros que no existen, expresiones concretas matizadas por las limitaciones de las propias formas, que son ella misma, que somos nosotros, pero que, en realidad, se trata de geometrías abstractas que van en busca de lo no icónico en un ambiente de sugerente iconocidad, aunque dentro de los parámetros de la geometría. Formas compuestas por otras formas, las esenciales, que armonizan de manera determinante, para transportar, comunicando, temáticas que se hallan en el inconsciente colectivo.
La dimensionalidad está siempre presente, porque la aparición del negro, en las zonas de sombra de las formas, sugiere la presencia de otra dimensión, dado que provoca un efecto de relieve, agrandando el campo visual de la estructura. Se trata de emplear el color para delimitar las dimensiones, sin que por ello se pueda definir claramente que sea el negro quien refuerza la composición cuando perfila formas, porque, en otras pinturas la artista madrileña concentra su interés en el empleo de otros colores para el mismo comedido como el azul, verde, blanco, rojo, amarillo, violetas y gama de grises.
No hay agresividad, sino una sensación de cambio, traslación, desarrollo, transfuncionalidad, energías que renuevan la materia, en definitiva, movimiento, que es quien define la nueva geometría. Es una obra que surge del sentimiento de paz, del interior de la artista, que, sin embargo, es activa, de ahí que, constantemente, naves espaciales, o estructuras formales que se les asemejan, cilindros de luz que transportan la materia, predominen en su obra. Siempre la traslación, porque estar y anclarse en un mismo sitio supone una cierta aproximación a la muerte. Por eso la luz y la energía, la idea del movimiento matizan, dominan, conducen a la composición en dirección a nuevos mundos de manera constante. Mundos que proceden de la imaginación de la artista, pero que también surgen de la ciencia y que se conexionan de manera espontánea en la manera de vertebrar su acción.
Decidida, con determinación, buscando la fuerza del más allá en la luz, coherente, sincera, pragmática, la autora madrileña multidisciplinar es consciente de que la geometría es la base estructural del universo, a partir de la cual la luz incide, irradiando su poder, dentro de unas características fundamentales en las que hay un diálogo entre la base, lo material y la trascendencia.
La geometría, en líneas generales, es fría, pero la suya es cálida, explosiva, de colores vivos, que estallan de tan expresivos que son. Explotan en mil pedazos formales como si fueran ingredientes de una caldera imaginada, de una olla a presión, que muestra su contenido en un marasmo enriquecedor, en el que tienen cabida las existencias cromáticas de toda una vida, porque las formas son inmensas, no tienen límites, aunque el propio universo se interroga constantemente en pos de hallar una explicación coherente a su existencia.
Francisca Blázquez es un chamán moderno, sacerdotisa del espíritu, santa del color, -en el sentido que cree en su pureza, visceralidad y contraste lleno de la brillantez que se precisa para enamorar a los seres humanos-, fuerte y valiente, que no duda en apostar por la espiritualidad en una época en que hay una gran confusión en torno a ésta, siendo manipulada por unos y otros. Pero la creadora pictórica explica que lo más importante es la coherencia con uno mismo y su interior. A partir de ahí crea una sensación de gran serenidad, en la que lo importante es transmitir lo mejor de uno mismo a los demás.
Hoy la gente está huérfana y necesita guías que la conduzcan, que la transporten hacia situaciones de luz. Francisca, salvando montañas, escalando cimas, buceando en el universo, ha hallado la explicación más evidente a sus necesidades, que son las de toda la humanidad: ser coherente para transmitir su propia verdad. En consecuencia, en 1998, crea el Dimensionalismo, teoría de las dimensiones, de la forma geométrica que viaja, cambia, se transforma, dentro de una dinámica estructural imparable, sucediéndose unas a otras, en medio de un cierto culto a la serenidad de la visión, de la actitud de espera con respecto a la evidencia de la pervivencia de la propia forma pero puesta al servicio de la desintegración de la materia, para volver a reagrupar átomos y moléculas.
Para ello, Francisca ha tenido que dejar atrás la estética vacía de los posmodernistas, empeñados en fusionar lenguajes, buscando la aparición de uno nuevo, cuando, en realidad, lo fundamental, es creer en una línea determinada de actuación, en este caso el Dimensionalismo, que surge de la geometría, pero que no posee handicaps o mochilas que lastren el paso del protagonista del viaje hacia la superación de la nada, para instalarse en la brillantez de la luz.
No es verdad que esté la nada como última explicación, incluso científicamente esta teoría no se sostiene. De ahí que Francisca sea el portaestandarte que con su varita mágica ha convulsionado el universo y ha sido capaz de hallar la verdadera libertad, superando muros inquebrantables y ventanas situadas a lo alto del castillo. No hay mazmorras, todo ha caído de la habitación, los objetos se encuentran en el suelo, el castillo ya no tiene piedras como ladrillos, sino alas, se ha convertido en un cisne blanco, que mira a lo lejos como el magma del hilo dorado avanza, volando, situándose en la cima de la montaña más hermosa del mundo. En ella se encuentra el cilindro de luz que transporta a personajes y formas hacia otras latitudes, a coordenadas perdidas en el espacio. Pero esas coordenadas, ese espacio no es la nada, sino un espacio, esté poblado de galaxias o no. En un terreno menos descriptivo y más interior, la nada como ausencia de todo es un contrasentido, porque el todo es todo, incluido la nada, que es una parte del mismo.
El Dimensionalismo es la teoría de la luz, que nos permite ser coherentes en una época de cambios, no solo con nosotros mismos, sino también con el espíritu y la ciencia. No hay verdad sin contraste y Francisca ha alcanzado la opción espiritual a través de la ciencia y de su propia fe inquebrantable en el sol y las estrellas que habitan en su interior, en la senda transparente en la que el universo se mira en el espejo del infinito, mientras que la luna se adueña de la sensibilidad de los seres que pueblan los diferentes mundos.

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte

Búsqueda y descubrimiento en la obra de Francisca Blazquez en el arte contemporáneo del siglo XXI

La creación artística de Francisca Blázquez entra con brío a formar parte del caudal de pintores interesantes en el escenario del arte contemporáneo de España del siglo XXI.
El arte contemporáneo de nuestro siglo, pasa, a nivel mundial, por un período de estancamiento en la búsqueda de una expresión especial para nuestros tiempos: de forma que unos continúan aferrados, copiando el mundo natural, lo cual es imposible, mientras otros repiten hasta el hastío el modernismo de los años 20 y 30, y aun peor, sin sentimiento y sin búsqueda, imitan a algo o a alguien.
El desarrollo del arte contemporáneo sufre en especial el deterioro de los que, a falta de talento, tienen dinero y saben organizarse de tal forma que inflan para sí mismos un nombre falso y exagerado, hasta adquirir fama mundial. Esos críticos, periodistas y admiradores, fans de tales artistas, cometen un crimen ante el talento verdadero, que no dispone de las arriba mencionadas posibilidades. En muchas exposiciones y ferias por el mundo y en Europa se ve casi siempre el mismo nivel bajo, eso es, arte repetido, hecho con prisas y de forma superficial.
Con este panorama general, ahora, en Rusia y en España, empiezan a destacar unos pintores más jóvenes, en busca de una expresión artística para el siglo XXI.
El gran retraso que sufre el arte contemporáneo se nota mucho comparado con el diseño de interiores, con el desarrollo vertiginoso de técnicas y materiales de construcción. Pero los bodegones, paisajes y otras composiciones de género, copiadas de la naturaleza u otras manchas de pintura sin alma, no se acoplan, no pegan en ningún sitio, ni en los hoteles, ni en los centros culturales, ni los aeropuertos, en ningún lugar - hasta tal punto el mundo del diseño actual ha llenado el hueco del estancamiento en Bellas Artes-.
Entre los pocos grupos de artistas nuevos, con talento, que destacan, cuyas creaciones armonizan con el diseño actual en cualquier centro cultural, museo u otros lugares, puedo, con toda confianza, nombrar a Francisca Blázquez - pintora que nos inocula una gran esperanza para el futuro-.
Lo curioso es que muchos pintores sin conocerse, crean, con una expresión absolutamente individual, pero que coincide entre sí; este movimiento ha recibido el nombre de receptualismo por el crítico de arte ruso, Slava Leon. Por ejemplo, mi arte y mi pensamiento coincide con el pensamiento de Francisca y con su búsqueda, aunque no nos hemos puesto de acuerdo, ni hemos visto los esbozos el uno del otro. Hay tales casualidades donde coincide el talento, auténtico e interesante, con otros pintores, hermanos del alma en el arte contemporáneo mundial como es el caso de la búsqueda de Francisca Blazquez. Hay un futuro que nos sacará del estancamiento y de la repetición de lo que ya ha sido.

¿En qué consiste el secreto del arte de Francisca y de otros pintores de su calibre?

La respuesta es que cuando investigan y buscan no caen en la trampa de repetir el arte de siglos pasados, ni de imitar a los modernistas, cubistas o impresionistas y otros istmos, tampoco intentan copiar a los grandes maestros.
Francisca usa objetos absolutamente reales para crear un mundo personal, sus propias sensaciones, que son luego comprendidas por el público. Sus composiciones evocan en cada uno de nosotros, sendos recuerdos de sentimientos fuera de lo común y cada uno puede recrear su propio mundo de fantasía, rodeado de los cuadros de Paquita, pintados con gran belleza y realizados con tanta concreción decorativa que sobrepasa los límites de la obra realizada y que posee, a todas luces, una contrastada calidad.
Es, especialmente de mi agrado, observar que ella encuentra la composición justa para cada cuadro y nunca cae en la mera ilustración, ni en un caos superficial.
La armonía de color en sus creaciones, su capacidad magistral de trabajo, empleando la técnica del acrílico, su sentido del tamaño del lienzo y de la composición y muchas más cualidades, nos impulsan a detenernos ante los cuadros de Francisca para contemplarlos largamente, y meditar, para sentir la sinfonía de colores, de tonos y los detalles de la composición.
El pintor dotado de talento sabe trabajar con cualquier técnica y producir bellas creaciones, sean cuales sean los materiales empleados. Se sigue considerando a Picasso un gran artista contemporáneo, porque supo mostrar su talento en todos los géneros artísticos, expresando cosas nuevas, más allá de su tiempo.
Francisca, por ejemplo, por citar otra de sus disciplinas, hace unos magníficos trabajos de joyería empleando diferentes materiales y con un enfoque nuevo, sin repetir en nada los millones de creaciones de joyería de siglos anteriores. Este hecho nos confirma que ella es un artista de verdad, que indaga y experimenta. Es una pintora cuyos pensamientos y búsquedas compaginan con similares búsquedas de pintores en otros países, que desarrollan el receptualismo como nueva tendencia en el arte contemporáneo. El receptualismo abarca la fusión de lo real y lo abstracto – un aspecto del arte sin istmos del pasado, que compagina con la persona contemporánea, con el mundo del diseño actual y la arquitectura-.
El éxito progresivo de Francisca se debe sin duda a su talento natural y a su mirada contemporánea, pero no menos importante son su gran capacidad de concentración diaria, la exigencia consigo misma en su rutina diaria, donde dedica espacio para su búsqueda artística, la práctica deportiva y el desarrollo general personal, sin dar lugar a la debilidad, ni a las distracciones, sin mencionar la pereza o el alcohol. Sólo una relación así, de dedicación plena al arte, durante toda la vida, puede producir buenos frutos y ella está preparada para esta exigencia. Es joven y tiene un gran futuro. Le deseo que no cese en su búsqueda, que continúe con ahínco, dedicándose de lleno a su creatividad artística, sin distraerse, corriendo siempre hacia el arte.
En los últimos años Francisca ha realizado muchas exposiciones personales y colectivas, siempre alegrándonos con series nuevas, con innovadoras búsquedas, que atraen la mirada del espectador, invitándole a una larga contemplación ante su arte.
Es un éxito rotundo, en una época en la que son pocos los que se paran ante un cuadro, en las exposiciones y ferias de arte que abundan por doquier. En esto ha tenido un gran papel su esposo, amigo y mentor, Joan Lluís Montané, quien apoya a muchos pintores de todas partes del mundo, también de gran talento. Slava Leon en Rusia y Joan Lluís Montané en España comparten una misma mirada en el desarrollo del arte contemporáneo. Les puedo nombrar precursores en su búsqueda, que supieron sentir la nueva corriente en el arte contemporáneo.
Francisca posee un gran mundo interior, rico en fantasía, inagotable y sin límites, que imbuye a sus cuadros de un profundo romanticismo. La unión de dos talentos – Francisca en la pintura y Joan Lluís en la teoría del arte, ha dado grandes frutos y ha inyectado una fuente de frescura en el desarrollo del arte contemporáneo español. Esta unión de creadores dará aún más frutos en el futuro, que pasarán a la historia del desarrollo del arte contemporáneo en España.


Muhadin Kishev
Rusia 2005

Miembro de la Academia Rusa de las Artes. Pintor emérito de Kabardino-Balkaria, Rusia.


FRANCISCA BLAZQUEZ:
EL DIMENSIONALISMO GEOMETRICO

Francisca Blázquez es una pintora que plasma en sus lienzos un estilo innovador, el dimensionalismo geométrico, lleno de magia, formas, espacios y composiciones que transmiten eficazmente lo que sugieren.

Hay una Francisca alegre y otra triste, cuando refleja el homenaje al 11 de marzo, algo inquieta, cuando lo hace de algo alegre sabe producir ese efecto.

A través del color penetra en la forma y la forma es creadora de multitud de dimensiones, una dimensión más allá del espacio y del tiempo.

Sus composiciones flotan en el espacio.

Los colores nos remiten a la naturaleza, verdes de los bosques, azules de la mar, el negro de la noche, pero las formas son ajenas a la naturaleza, originales y creativas.

Francisca elabora, trabaja los cuadros, pero hay un cierto punto de espontaneidad, captando los momentos precisos.

Francisca hace gozar con su pintura, con sus colores, con su contenido espiritual que nos elevan el espíritu.

Sus formas geométricas son la esencia de personajes que están meditando, nos llevan a la reflexión.

Técnicamente los cuadros de Francisca Blázquez son impecables, sorprende su obra por la expresividad.

La racionalidad expresionista, de colores cálidos y precisos, intensos, dan un sentido a la ambigüedad, las formas geométricas, los cuadrados, los semicírculos nos transportan a un mundo creado por la autora.

Las formas son capaces de crear sensaciones alucinantes, melancólicas, repletas de hiperestesia espiritual, son psáusticas e hiperboreas.

La fantasía, en cada uno de sus cuadros, contiene magia, misterio, gran luminosidad, la atmósfera que se crea en los cuadros, tiene vida propia. A lo que contribuye la viveza de colorido, henchidos de humanidad, nobles ideales, reflexión y espiritualidad.

Hay una seguridad en sí misma en la autora que se refleja en su obra, la vida, la muerte, el dolor, están presentes en sus colores, en sus formas en su mundo.

Podemos decir que en el lienzo el pintor objetiviza su espíritu, en este caso un espíritu, noble, veraz, vivo, lleno de belleza interior, fraterna cordialidad, pasión y entusiasmo.

Una sensación de armonía, es capaz de situarnos dentro de unos códigos que son propios de un lenguaje, elaborado a través de signos espirituales, que se crean en el seno de la voluntad artística.

Luce calidades de color y brillo, sólo capaz de plasmarse gozando de una portentosa técnica, como la que tiene esta gran pintora que es Francisca Blázquez.

Sus cuadros son memorables, en versión de belleza indescriptible, porque siempre es difícil de encontrar palabras que reflejen el pleno logro artístico, tan raramente alcanzado.

Pleno de vida, gradación, color, fuerza, sin desmesuras, riquezas de intenciones y planos, en el que todo se midió cuidadosamente en la reproducción virtuosista.

Podría decir una de esas frases que se hacen en compañía de Dios y que una vez escritas ya sólo las entiende Dios, pero un critico debe decir si le gusta o no el artista y porqué, yo sólo diré que Francisca pinta como los ángeles y ha creado nuevas formas expresivas en la pintura y en el diseño de joyas que también las hace y muy bien por cierto.

Esta muestra que ahora se nos ofrece es de visión obligada para todos los amantes de la pintura.

Eduardo Jáudenes de Salazar
(Director de SYBARIS MAGAZIN-e y crítico de arte)

Mensajes cósmicos interpretados por Francisca Blázquez

El año pasado tuve la enorme suerte de comprar una obra de arte de Francisca Blázquez. Durante mucho tiempo he admirado su trabajo y he seguido su trayectoria artística, con sus diferentes cambios. Una gran amiga mía de Madrid tiene algunas de sus obras de distintas épocas y conoce a Francisca desde hace treinta años.
Para mí la obra tridimensional de Francisca no tiene una interpretación tradicional de lo que es altura, profundidad y amplitud. La forma en la cual he experimentado su obra en tres D es con la mente, corazón y alma.
En primer lugar, puedo observar las pinturas con mis ojos y capturar los elementos visuales de color, luz y perspectiva, los cuales mi mente interpreta de forma intelectual. Luego, mi corazón, es sensibilizado por el calor, profundidad y simbolismo contenidos en el interior de las imágenes. Finalmente, mi alma recibe un mensaje que me transporta a un lugar donde me siento en paz. Es como si mi interior recibiera un mensaje cósmico del universo.
Es el sentimiento más cercano que he tenido, imaginándolo como una experiencia extrasensorial. De alguna manera el alma entiende algo pero va más allá de lo que mi mente es capaz de interpretar. Todo lo que sé es que esto me hace sentirme muy feliz, de tal manera que ya no puedo esperar más para ver sus nuevos trabajos mágicos que ha creado expresamente para su exhibición en el Casino de Marbella.

Margaret Flanders
Representante internacional de ventas
(Ciudadana del planeta tierra)


Francisca Blázquez, una pintora consolidada

Francisca Blázquez es una creadora que, en continua evolución artística, ha ido avanzando hasta obtener una obra consolidada como la que podemos contemplar en la actualidad.
Hace muchos años que la conozco, siempre tan brillante, creando, buscando nuevos lenguajes que le han permitido evolucionar desde la figuración actual a la abstracción matérica y luego a la geometría. De la planitud de sus composiciones a la elaboración del Dimensionalismo, verdadera concepción innovadora en la que la creadora plasma su intención de superar las tradicionales dimensiones, buscando la trascendencia geométrica a partir de viajar en el interior de la forma, mostrándonos los diferentes mundos que la conforman. Asimismo nos muestra, también, otras dimensiones que existen al margen de las formas ya conocidas y que, a veces, se pueden cruzar e intercomunicar a partir del espacio-tiempo.
En su creación actual, con una obra madura y consolidada, predominan en su pintura, aspectos tales como la espiritualidad, la elevación energética, la fuerza de la esencialidad, contenida en la obra que transmite, de manera clara, su comunicación con otras fuerzas procedentes del cosmos. La intensidad del color, su emplazamiento en la composición, plasmado con fuerza, y potencia. Asimismo, destaca el espacio, la gran aportación de la autora del Dimensionalismo, en el que las formas están bien posicionadas, parecen flotar y no están ancladas en el suelo.
Me gusta su obra porque te mantiene vivo, tiene alma, es consciente por sí misma, posee independencia, da sensación de libertad, canaliza la luz, te sumerge en un estado de contemplación activa.
Sugiere, potencia, enaltece, para volver a ser ella misma. Es un soplo de aire nuevo, que continuamente está en renovación, en movimiento, buscando otras formas que están en diferentes dimensiones, que surgen a partir de experimentar, constatar y ver otras formas.
Es como navegar en un mar inventado, en un espacio donde el aire se densifica para dejar paso a la propia versatilidad de las formas que nos acompañan de manera autónoma en la propia idea de la existencia.
Hay formas que están en los espacios que nos movemos. Se trata de formas vistas cotidianamente o no, pero están ahí, físicamente. También hay otras en distintas dimensiones o en la imaginación. Las hay por todas partes porque constituyen la esencia de todo ser viviente y de todo producto y artículo creado por el ser humano. De ahí que la pintura de Francisca en la actualidad tiene principio pero no tiene fin, es un universo real de continuas posibilidades hasta el infinito.

Pilar Diez

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Publicado por: Artesur Fecha: Marzo 1, 2005 12:54 AM
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