4 de Diciembre de 2004 12:27 PM

Hilda Fuchs, la mujer y su entorno, la vida y los escenarios

Por Joan Lluís Montané

La temática predominante en su obra pictórica es la mujer, considerada como protagonista de la historia. Congela instantes, detiene la imagen del acontecer del tiempo en torno a sus personajes, para recrearse en sus formas, en su apariencia, para poder obtener el beneficio de la profundización en sus caracteres.
En líneas generales no las muestra en actitudes dinámicas, sino mirando, esperando, observando, pensando, meditando o posando. Se trata de penetrar en su mundo interior, en la capacidad de potenciar el mito que se encierra en el entramado mental y existencial de las mismas.

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Es la mujer bella, pero también la mujer inteligente, que actúa, que interviene en el mundo y que decide por sí misma. Una mujer que interactúa, que posee una gran solidez, pero también un cierto aire de melancolía.
Actúa como dominadora de su existencia, posee poder, tiene aptitudes para el gobierno, pero, a la vez, siente la carga de responsabilidad que la acompaña constantemente, como si fuera su otro yo. Del ‘super yo’ al inconsciente, del subconsciente a la memoria de la determinación. Escala posiciones, busca ser y coexistir dentro de una dinámica de fuerza y potenciación de las cualidades. Pero, Hilda, no las presenta en todo su apogeo, sino rodeadas de sus objetos, en sus estancias, en sus viviendas, en la dinámica más íntima, como desligándolas de lo que les ha llevado alcanzar las más importantes metas, resituándolas como seres humanos.
Se trata de ser consciente de su interior, de la fuerza de la iconografía que las apoya, de los símbolos que las acompañan, pero siempre en armonía con su persona.
No hay una intención clara de resaltar el símbolo del poder, sino su personalidad y su coherencia. Es decir que, ante todo, lo que importa es su calidad humana y la fuerza de su carácter. Para ello construye escenarios, desarrollando con gran síntesis y determinación estructuras que sitúan en el marco idóneo a sus diferentes personajes, pero sin ser excesivamente detallista. Lo indispensable, para contrastar elementos que son los que arropan a los seres que se convierten en objeto de atención.
Pinta otras obras dentro de su propia creación, casi de forma constante, la mayoría de ellas abstractas, otras son realistas o bien simbólicas. No se trata de simples obras, sino de creaciones que poseen un carácter coherente, determinado y preciso. También
emplea símbolos que definen a las mujeres que representa, especialmente concebidos para enaltecer el mundo de los sentidos.
Normalmente sus mujeres parecen posar ex-profeso para la artista, aunque no miran de forma directa al espectador, sino que las muestra en actitudes diferentes, como desempeñando actividades ajenas al encuadre, pensando, totalmente sumergidas en su propio mundo. Esta actitud le confiere a su pintura un aire de naturalidad y de libertad, que se propaga con voluntad precisa.
Columnas, plantas, animales y muebles. Espacialidad, sensación de estar en un escenario en el que todo está perfectamente calculado. Disposición geométrica, medición de la perspectiva, nutrición del color, tonos suaves a intensos, rojo y verde, gama de marrones, amarillo y azul.
Fuerza, fuego, interior, sensualidad y poder. Es la mujer como norte.


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte

Publicado por: Artesur Fecha: Diciembre 4, 2004 12:27 PM
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