Los protagonistas de la pintura de Duván son ambiguos, a veces unisex, pero, a la vez, claramente masculinos o femeninos, según la temática de que se trate. Lleva a cabo un juego de sexos con ironía. Comunica una ironía latente, que acompaña en cada momento, en cada instante, la pléyade de sensaciones y cúmulos que se deriva de los actos humanos, de las actuaciones de los seres imaginarios o no que refleja sobre la tela.
Establece con claridad una suma de voluntades, alrededor de la vieja idea de la propia efervescencia de la vida, que supone una profundización en el ambiente más lúdico de la existencia.
Destacan los personajes cúbicos, geométricos, asignados a un grupo de líneas que son las que los describen sin amanerarse, que delimitan las zonas, las voluntades plásticas que definen estados de la conciencia, o bien, actuaciones. Perfila, pero sin detallar. En ocasiones busca la descripción, pero, sin comprometerse a controlar el final de su desarrollo.
Constatamos la existencia del predominio de la línea, la fuerza y potencia de la recta, la singularidad de los rasgos, la actitud del pintor de marcar con carácter los seres que son producto de sus elucubraciones. Es un artista que juega con la dualidad de la existencia y la ambigüedad de las sensaciones.
Ingenuidad, abstracción geométrica picasiana, alusiones mironianas, de un expresionista figurativo que se fundamenta en el color para expresar con febril insistencia su mundo de ideas que se concretan en personajes que oscilan entre la imaginación simbólica, la evocación ingenua de mundos irreales y la abstracción más directa.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
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