Jaume Solé presenta del 1 al 15 de noviembre tres de sus últimas series en el Palacio de Congresos de Madrid, ubicado en Paseo de la Castellana, 99. El creador plástico catalán es más que un pintor, es, ante todo, un hombre de convicciones. Luchador, activo, referente de la cultura catalana. Hoy es un histórico que mira el futuro con firmeza, dado que continua aprendiendo e implicándose en lo que le acucia. Vivió el franquismo con una actitud de militancia política en pro de los derechos humanos, la solidaridad internacional y el catalanismo.
Nacido en Valls (Tarragona), su obra pictórica es fiel reflejo de la realidad que le envuelve y que él se resiste a aceptar como tal cuando ésta se convierte en una losa pesada, como si fuera una masa encefálica de color gris, repleta de tuercas descompuestas, que se desparraman a través de las comisuras de los labios de quienes han dejado de hablar de manera literaria y ahora sueltan tacos de forma compulsiva. Amante de la naturaleza, de su tierra, Catalunya, de la cultura y el arte, enseguida forma parte de movimientos asociativos y de agrupaciones de artistas, como el Grupo ‘Un Nus’, en el que desarrolla una intensa y febril actividad que le lleva a exponer en toda España y parte de Europa, montajes, instalaciones y obra pictórica caracterizada por su culto matérico.

Como pintor, después, evoluciona hacia una obra de paisaje, que luego se torna cada vez más expresionista, donde el color es fundamental. A través de la serie ‘Mediterranea’ realiza un homenaje al ‘Mare Nostrum’. Muchos años más tarde, vuelve a retomar el paisaje, pero esta vez, abarcando todo el mundo: ‘Paisatges del món’-Paisajes del mundo, en la que muestra de manera sintética pero contundente, parajes de varios continentes, aquellos que le han impactado, a lo largo de sus constantes viajes. Pero no se trata de una obra de paisaje convencional, tampoco tiene nada que ver con el paisaje estrictamente, sino con la percepción poética del mismo. Plasma los estadios interiores, las sensaciones que le produjeron cuando los vio por primera vez. Es un amante de la naturaleza, de la ecología, porque es consciente de que el planeta está en grave estado debido al calentamiento global, a la emisión de gases de invernadero y a la deforestación creciente. ‘Ignis’ es un homenaje al bosque quemado, a la naturaleza en peligro. Su instalación de más de 700 metros cuadrados, expuesta en el Port Autònom de Tarragona, constituye un canto arrebatador en pro de la preservación de la naturaleza y un grito espeluznante contra el hacha de la miseria que se cierne cual ave de rapiña sobre nuestras cabezas de manera amenazante.
Escenografía, bosque instalado en el interior del Tinglado, luces que apuntan hacia las ramas tiznadas, espectaculares montañas repletas de obras con retazos de la masacre vegetal. Técnica mixta y fibra de vidrio, elementos y trozos de corteza que se incardinan dentro de la masa pigmental. Su capacidad evocadora del drama intenso de la naturaleza sesgada no está exenta de culto estético, de evocación estilística plástica. Porque, incluso, a partir del drama surge la fuerza de la convicción para ahondar en los secretos de la dinamización de la propia existencia.
El drama, en sí mismo, es el polo negativo del que debemos aprender para que el polo positivo posea coherencia. De ahí que el artista de Valls no destruya lo negativo, sino que elucubre a partir de su presencia para obtener las lecciones correspondientes. Se trata de una actitud que también contemplamos en la serie dedicada a las guerras, en concreto la de Sarajevo, que culmina con un espectacular mural, estructurado en compartimentos geométricos, en los que cada uno representa una escena dantesca del horror, tratada de forma poética, muy visual, extraordinariamente impactante, buscando la escenificación del drama. Pero no sólo trata la guerra de Sarajevo y Bosnia, sino las de África, los conflictos del hambre y su consiguiente actitud posterior: la ‘Fecundidad’, empleada como arma para la resistencia y la supervivencia. Seres despojados hasta de una choza en la que vivir, piensan en la biología, en la proliferación de la especie para que su raza no mengue, aunque todo esté destartalado y la sonrisa de la muerte hiele con su veloz galope los escasos deseos vitales que permanecen al lado de las gentes que quieren vivir una vida digna.
Fecundidad es una apuesta cromática sugerente, vital, llena de rojos y azules, contrastados con la presencia del negro. El artista profundiza en el hecho de la maternidad, de la mujer como garante de la supervivencia de la especie humana, en su firme actitud en la vida.
En líneas generales su obra es anicónica, es decir abstracta, pero, a menudo, presenta referencias, porque siempre procura introducir elementos que identifiquen su pintura como auténtica poesía visual. Hasta que crea la serie ‘Abstraccions’-Abstracciones, totalmente abstracta, aunque apunta formas que parecen o recuerdan órganos, biología, vida, existencia y delirio cromático.
Es un pintor que aporta claridad a través de su obra dentro del panorama general de las artes de nuestro país, en primer lugar porque su pintura no es ambigua, dice las cosas de manera precisa. En segundo término porque no se traiciona a sí mismo, continua el legado de los años de lucha, pasando de una concepción catalana y española a otra más universal, reflejando de manera precisa que los problemas son los mismos. Vivimos en un mundo interdependiente y nada es ajeno a nadie. En pintura tampoco, pero son pocos los artistas, como es el caso del creador de Valls, que se atrevan a hacer poesía del drama y al mismo tiempo ser tan honestos que no renuncian ni a sus orígenes ni al legado que han ido dejando a lo largo de su historia.
Jaume Solé, artista catalán, de mente universal. Noble, dotado de la nobleza de las águilas, que mira de frente, que siente el fuego que abrasa las entrañas de los heridos de las guerras; que escucha los sordos lamentos de los árboles que se encuentran en el bosque a punto de iniciar el viaje a las profundidades de la tierra, extasiándose ante una puesta de sol o ante la capacidad de supervivencia de la humanidad, es un jinete solidario que está con nosotros dándolos el aliento de quien se sabe dominador de titanes y monstruos, que acechan a la razón y la cultura con su locura.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
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