Adriana Villa, buscadora del sentido último de la abstracción, elabora un discurso informal, expresivo, donde la materia tiene su lugar, donde los materiales conforman la forma, elaboran una gestualidad que tiene algo de complaciente, una viveza de lo elemental, una direccionalidad, que se manifiesta más claramente en su obra de estructura geométrica.
La abstracción como ausencia de referencias, como producto de la superación de iconismos, de verter el magma de lo inconsciente en una producción que se nutre de la idea de lo no contingente ni tangible.
Una vez supera la fase icónica, avanza hacia las interioridades de lo emblemático informal, del gesto, de la materia por sí misma, de la aceptación de su mundo inconsciente.
Supera etapas en las que conceptúa la idea, agrandando su propio significado, a partir del conocimiento de los materiales, para adentrarse en los vericuetos de la magmacidad del conocimiento interior. En ese estado elimina barreras y limitaciones.
Su obra es una auténtica catarsis, que se aleja de lo formal, de la premura del tiempo, de la previsión de las facilidades, de la avenida de las puertas sin cortapisa, de la fuerza que se estrella en la propia idiosincrasia.
De lo sutil, sublime; de la falta de materia, a la tangibilidad de la misma. Su investigación se basa en la existencia de la contradicción. Es decir que se nutre de lo inusual, inesperado, de la falta de percepción, de la necesidad de obligar a su idea a ser consecuente.
Lucha, dialéctica entre la realidad y sus fantasías. Su mundo supera el estado de caos, de desequilibrio, de confrontación, para intentar introducirse en un nirvana, en una especie de paraíso donde quien se halla dentro es la propia idiosincrasia de lo contenido.
Se ve en el espejo, se retrata y se dice: ¿Voy a pasar al otro extremo?, ¿me adentro en la otra parte del camino?.
La fantasía cubre con su manto su idea de realidad y se sumerge en un mundo donde el camino dorado se perfila, se vislumbra en el horizonte.
Su obra trata de superar las barreras materiales, los condicionamientos físicos para poder alcanzar las praderas de la libertad.
Hay sufrimiento, indecisión, falta de norte, que luego se salva por la decisión, por la construcción de las grandes quimeras, de las locuras que le permiten superar las anécdotas, las fuerzas que lideran el gran cambio de sentido. Un cambio que es
transformación, en la que incide su idea de la abstracción, entendida como superación de la realidad.
Abstracción demostrativa, que surge del interior hacia el exterior, buscando la esencia, la fuerza, viveza, cambio, constatación de la virtualidad de lo efímero. De lo virtual precisión que se autorregula, que se asienta en la fenomenología interior, para volcar cual catarsis todos sus males.
De la idea de lo efímero a la constancia en la presencia de lo inviable, que se hace realidad a fuerza de atormentarse pero, a la vez, a partir de adoptar la decisión de construirse pasillos imaginarios hacia un mundo mejor.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
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