19 de Julio de 2004 07:43 PM

Carlos Pereira, la esencia de la persistencia matérica

Por Joan Lluís Montané

Anillos y sortijas, arquitecturas, construcciones, búsqueda de una realidad en la que predomina la idea de las estructuras, el desarrollo de sus reformulaciones, que se sustenta en la forma, en la disposición de la misma, para exhibir con claridad su voluntad final y su temática escogida.
Constata la verticalidad, la profusión de elementos construidos, configurados, para nutrir claramente una gran diversidad de planteamientos que se basan en su afán de plasmar arquitecturas.

Color, austeridad, rojo, azul, verde, oro amarillo, presteza en presentar una serie discreta, para que no destaque si gana soltura excesiva con el color.
Formula la hipótesis de lo controlado, estudia la posibilidad de adelantarse a las limitaciones, para superar las estructuras excesivamente constreñidas, ofuscadas y sin aire. Porque sus construcciones son libres, auténticos cantos poéticos, altares al viento de la flexibilidad.
Necesita superar delimitaciones, para configurar sus ideas construidas con los conceptos más libres, que encienden posibilidades que mantienen en secreto ambigüedades no deseadas y que, al final, no plasman su contenido porque gana la voluntad directa, el afán preciso de lo sencillo.
No hay esencia, sino persistencia matérica, no existe la ambigüedad sino la firmeza en las decisiones disfrazada de elaboración controlada.
Simbiosis de oficio, fuerza contenida, de elaboración artesana y de técnicas que mantienen, delimitan, prefiguran, configuran y hacen posible el desarrollo de la estructura.
Simbolista, no expresivo, intenta ser consecuente, mostrándose exigente en lo circunstancial, exacto en lo técnico y procura crear dentro de líneas maestras coherentes y, a la vez, medidas, calculadas, dotadas de una cierta singularidad, en el sentido de no desbordar los límites. Todo ello para buscar el sentido último de lo arquitectónico, demostrando su dominio de la composición, su utilización del volumen, su control de la formulación precisa de las líneas maestras que presentan la exhibición compositiva.
El creador gallego es el mismo siempre, logrando la coherencia a partir de la superación de lo efímero, de la ductilidad de lo superfluo, alejándose de la anécdota, para avanzar hacia los conceptos de compromiso y seriedad para obtener, a través de la persistencia matérica, el arraigo de las bases fundacionales de sus arquitecturas temáticas, de sus volúmenes que poseen, en líneas generales, un sentido coherente, una reformulación efectista, una potenciación de lo sublime, en el sentido de ser coherente antes que geniales.
En ocasiones la verdadera genialidad reside en lo sencillo, se alimenta de la racionalidad, bebe de las fuentes de lo singular austero. Este es el caso de Carlos Pereira, un creador que no abusa de lo efectista, que prefiere adentrarse en el oficio, en las pautas de las diferentes técnicas, para lograr una obra marcada por la emblematicidad de la vida.

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte

Publicado por: Artesur Fecha: Julio 19, 2004 07:43 PM
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