25 de Julio de 2004 04:48 PM

María del Socorro Morac, formas y abstracción vital

Por Joan Lluís Montané

Mdel Socorro MoracExiste una clara vitalidad que define la obra abstracta y llena de alusiones de María del Socorro Morac. Alusiones que nunca acaban de definirse, que no poseen descripción alguna, pero que, son, eso, alusiones...
Abstracción onírica, que surge de las profundidades del sueño, que se entretiene en extender la llama del color, mientras la forma cobra una dimensionalidad diferente, avanzando hacia planteamientos diversos, contrastados, buscando establecer laberintos, a modo de pasillos, que son aberturas a otras realidades. Hay una clara intención de mostrarnos la clave que da acceso a la magia de lo desconocido. No describe los medios, tampoco los fines, pero el misterio está ahí y lo plasma como si lo estuviera observando claramente.

Cultivadora de la forma, entendiéndola en toda su dimensión, con todo su ser. Incluso la comprende como si estuviera llena de vida, biología pura, que, sin embargo, no se traduce en una catalogación animal, vegetal, mineral o humana.
Son formas que no poseen ningún resquicio ni intencionalidad construida. La potenciación de la constructividad ha dejado paso a la magia del misterio, que se establece a partir de la intensidad cromática, de la presencia de gestos, materia entendida en densidad, que se sumergen en el marasmo de la sensualidad.
El color como abanderado de una sutil emoción, que no afluye de manera directa y descontrolada. Hay una determinada alegoría, existe una dedicación a la simbología, a la insinuación como reflejo de lo evidente pero no demostrable. Se trata de alusiones a determinados estados de ánimo, comunicándonos con mundos que son distintos al nuestro, que están nutridos de seres, que no muestra pero que, inconscientemente, parecen estar ahí.
Una de sus contribuciones a la abstracción onírica es que fomenta lo misterioso a partir de alusiones, pero nunca mostrando constataciones, ni evidencias, porque va en contra de las reglas que emanan de cualquier misterio que se precie.
El color, como punto de conexión central, como fuente de energía fundamental, que se expande como si fuera brasas ardiendo, pero sin que las chispas contaminen de fogosidad otras elucubraciones de su composición, que se mantienen dentro de una austeridad serena. Combinación de explosividad y contemplación, que produce una obra pictórica contrastada, aunque posicionada dentro de unos limites donde impera el control.

El color como llave de acceso al misterio, que no es icónico, que no se muestra a nivel descriptivo, no porque no pueda serlo, sino porque es determinante en todos los aspectos de la cuestión.
Evidencia, llamarada, fuego, brasas, esquirlas, ramas que al quemarse dejan huella. Seres que se mueven, dominando el espacio, que destilan energía, que desprenden fortaleza, visión congruente de una dinámica basada en la elegancia de la austeridad.
Expresividad formal, descubridora de una nueva manera, aunque tradicional en el fondo, de ver el color como fundamento de una evidencia que genera libertad.


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte


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Publicado por: Artesur Fecha: Julio 25, 2004 04:48 PM
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