23 de Julio de 2004 12:00 PM

Emilio Morales: Reflejos, visiones de una realidad que se vuelve abstracta

Por Joan Lluís Montané

Emilio Morales, pinta con la materia, empleando el color, buscando la expresividad en la densidad, pero también la forma y el concepto.
En su nueva obra ‘Reflejos del Júcar’ establece la otra realidad, partiendo de los reflejos en el agua del río de fragmentos de la que cada día vemos y nos acompaña.
Dos facetas, dualidad, diálogo entre potencialidades, permitiendo constatar una desestructuración deconstructiva de elementos firmes y sólidos, que se convierten en parte de un paisaje abstracto.


La realidad como experimentación, transformándola en un laberinto de abstracciones lleno de gestos, ondulaciones y elementos sujetos a una movilidad permanente.
Su obra es realista, pero su concepto de la realidad se establece en función de los elementos y de cómo los encuadra en la composición. Por lo que podemos deducir que su creación parte de la evidencia, de la constatación de lo representado, de los límites formales y físicos, que poseen forma, color, perspectiva y equilibrio. Elucubra en torno a la esencia de las cosas, que para el pintor castellano es dinámica, busca el movimiento, la preponderancia del cambio.
No entra a través del espejo del agua en el interior de otro mundo, sino que se queda en la superficie, en el exterior, para contemplar las variaciones que existen, elucubrando en torno a la necesidad del cambio y la mutación como firme aliado de una época compleja, en la que la constancia se convierte en sincretismo, en fusión, en síntesis de ideas. Pero, la realidad está ahí, permanece, para hacernos comprender que la abstracción también puede ser icónica, por lo menos en origen, aunque, luego, varíe su propia formulación.
La idiosincrasia del elemento agua, que es denso, que supone un puente hacia otra percepción, se estructura a partir de la propia reformulación, de la evidencia que todo es movimiento.
La sola visión de la perceptibilidad del movimiento, a través de las ondas, de la lámina de agua cambiante, de la progresión de las estructuras nos conduce a otros mundos, porque el soporte está sujeto a la variación por naturaleza. También lo está por su propia composición.
De ahí que el pintor castellano contemple la visión de la realidad a partir de su reflejo en un medio dinámico, que está siempre transformándose y, por consiguiente, cuando pinta este reflejo lo hace congelando una imagen, que ya no es la misma en cada milésima de segundo que pasa. Pero ese captar el instante también se podría aplicar a la obra realista en general, aunque no con la capacidad de percepción evidente, porque esta se amplia según el medio en el que se desenvuelva, en este caso, a través del agua del Júcar.
El gesto entendido como partícula de un universo evolutivo, de una realidad que se supera a cada instante que pasa, mostrando su capacidad cromática en transformarse, en avanzar más allá de la pura anécdota.
Tapiza la composición de segmentos, fragmentos, iconos de una realidad que se ha convertido en abstracción. Son paisajes abstractos, que encierran una cierta capacidad de transmitir una sensación de melancolía, porque cada cosa que fue suya, de la realidad, con el sentimiento sublimado, hoy es del mundo y el artista intenta captar los tiempos que soñaba en los amaneceres despierto.
No hay que soslayar la propia visión de lo real cambiante libre, al margen de sistemas, de elucubraciones y conceptos, de perfecciones y engranajes. Ruedas, encadenadas en la forma, en el fragmento que surge de lo visual. No hay repetición mecánica, sino vaivén del agua, mecida por el viento, por el paso ocasional de embarcaciones. Pero, los edificios reflejados están ahí, con sus formas geométricas, sólidas, de cromatismos atractivos, que se convierten en iconismos identificadores de una nueva realidad.
Todo está sujeto a la imaginación del autor, porque establece pautas para eliminar las anécdotas, buscando canalizar su investigación a partir de la determinación y la constatación directa de la propia consistencia de la fragmentación abstracta.
Elementos, líneas, formas, estilizadas o no, alusiones que fomentan un sentimiento de ayes, exclamados por una guitarra española imaginaria, tocando un concierto a la luz de la tarde, cuando el sol aún está en plena forma.
Agua, sol, canciones, ritmo y música, color, pintura, movimiento y ondulaciones del alma, de un creador que es coherente en su obligación de entender la propia circunstancialidad de lo que es evidente pero no definitivo.
Libertad, esencias, formulaciones, que van más allá de las palabras, de las letras de una novela no escrita, aunque si hilvanada en imágenes que se pierden en los vericuetos de los pasillos del castillo de la imaginación.
Intenta hacer la fotografía de lo formal reflejado en plena libertad. Una fotografía no real, porque siempre interpreta la propia especulación de las imágenes objeto de su atención.
Pasa tanto resquemor hasta que consigue reflejar las formas, las ondulaciones de las fragmentaciones de las arquitecturas, que supera cualquier obstáculo que se le presenta.
Su obra está estructurada sobre la base de una percepción de lo ágil, de la vivencialidad captada a través de una mirada que encierra una cierta calidez, que invita al espectador a entrar en su pintura, a hacernos dueños de la situación, para, luego, transformar lo que contempla el artista, en una auténtica cascada de posibilidades.
Exhibe su intríngulis cromático más evidente, buscando el pretexto que nos abra las puertas de su nomenclatura pictórica. Por ese mismo motivo la creación de Emilio Morales se fundamenta en la técnica, en la percepción del color, dentro de unos parámetros reales, en los que todo está expuesto con absoluta trasparencia. Es un pintor que prefiere eliminar cualquier motivo de conflicto, para alcanzar una nueva etapa de su evolución con una obra que supera a la anterior en calidad y en concepto.
Está claro que entiende la abstracción no como idea utópica o romántica, sino como resultado de una transformación de la propia realidad. Además, hay que tener en cuenta que la propia realidad tiene momentos que son claramente abstractos, de ahí que nunca jamás se pueda hablar en su consiguiente interpretación, de corrientes puras, dado que el purismo solo existe en la imaginación pero no está científicamente demostrado. Reflejos de la realidad, a través de un medio indirecto; reflejos, o la forma de interpretar la versión transformada de la misma. En este contexto me pregunto: ¿Dónde se encuentra la realidad, en la imaginación, en sus reflejos o bien no existe como tal, dado que la abstracción es la culminación de su proceso...?


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte


Consultar precio/disponibilidad

Publicado por: Artesur Fecha: Julio 23, 2004 12:00 PM
Se permite publicar los artículos aquí expuestos haciendo referencia del sitio y/o sindicandolo, mencionando las fuentes. - Article authors retain their original copyright. - You may publish the posted articles or sindication, include the source and author.

Argentina | Italia | Subastas | Directorio internacional