19 de Julio de 2004 10:53 AM

Héctor Acevedo, otros mundos

Por Joan Lluís Montané

Hector Acevedo.jpgDominador de la disciplina del dibujo, su obra pictórica posee un componente muy acentuado descriptivo de sus alegorías temáticas, compuestas por detalles, formas que describen con claridad a los personajes, auténticos protagonistas de sus sueños y fantasías.
Muestra una cierta ingenuidad, exhibiendo un mundo prácticamente naïf, pero también identificado con una cierta dosis de ironía.

Vegetación, naturaleza, árboles, casas, superficies que se encuadran en nuestro mundo y en otros. Seres de éste y de otros mundos, como los ángeles.
Cree en los espíritus, en las almas, en el animismo, en la espiritualidad basada en que todo tiene su propia esencia.
No hay espíritus humanos solamente, sino que todo está sujeto a su influencia: Cosas, casas, vegetales, minerales... Tenemos la sensación de estar en un mundo de almas, energías, seres que son materiales, pero que poseen su propia idiosincrasia espiritual.
Muestra nubes llenas de ensoñación, de dinámica elegante y sensual, en las que la sensación de flotar, de estar en el espacio, de encontrarse en un medio distinto al terrestre predomina.
Todo ello fundamentado en la expresión de lo sugerente, basándose en la observación de acontecimientos que ocurren en otras dimensiones conformando un mundo indigenista, de influencias oníricas procedentes de los ancestros, de los sueños que interpretaban antes para determinar los posibles sucesos venideros en el mundo real. Onirismo que, en su caso, se traduce en una obra simbolista, nutrida de una iconografía precisa, con seres que son dimensionales, que forman parte del acerbo espiritual de la propia humanidad.
Una de sus contribuciones más atractivas, dentro de este contexto, es que establece parámetros de análisis reales de otras dimensiones, acercándolas a la propia realidad de nuestro planeta. De ahí que busque la unión de la conciencia material presente, física, matemática y química de la tierra, con las dimensiones espirituales, pobladas por ángeles y almas. En consecuencia convierte en reales a personajes que no tienen connotaciones biológicas. Es decir que el nexo de unión de ambos mundos produce imágenes caracterizadas por su contraste dimensional y su unidad entre concepciones, porque todas parten de un mismo inicio.
Pinta empleando iconismos, perfilando los personajes, nutriéndolos de detalles, buscando la expresividad cándida, la solidez del color, que es sensual, denso, elemental, pero también muy sugerente.
Emplaza el color para resaltar, mediante superposiciones y trasparencias, las diferentes calidades, buscando los ángulos más inverosímiles, para mostrarnos, claramente, las diferentes dimensiones y sus habitantes.
Hay una necesidad de autocontrol, de exhibir obra caracterizada por su facilidad en trasmutar la forma, en transformar la iconografía de la propia composición. Árboles, vegetales, humanos, personajes que recuerdan animales y ángeles, emplazados en la obra, a vista de pájaro, contemplados desde arriba hacia abajo. Mientras que los seres dimensionales, los ángeles, los muestra en estado de levitación, ocupando los primeros planos.


Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte


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Publicado por: Artesur Fecha: Julio 19, 2004 10:53 AM
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