Liane Katsuki trabaja múltiples caminos, buscando la estructuración de la forma, la implementación de la composición para introducir la idea de movimiento, que es gesto y energía. Gesto en el espacio, movimiento que se involucra a sí mismo, que se convierte en referente, en trascendencia, en virtud magnética.
Diálogo, controversia, ángulos, rectas, líneas que se cruzan para encontrarse con la forma.
Hay una decidida canalización de la energía, ubicación de la materia para trasladarse por el espacio, buscando, insinuando, estructurando y sometiendo todo a un dic-tat directo, preciso y determinado. Pero, cuando más estructurado está todo, más libre y sinuosa es la idea de la energía.
Investiga el espacio, que posee entidad propia por sí mismo, porque es quien configura la forma. Espacio que está más allá de la materia, que la emplea para dialogar con ella. No hay voluntad de ser sino de alcanzar más allá de la ferviente e impetuosa magia que concede la constatación de la conceptuación.
Conjunto de ideas, relativización de formas, resumen de objetivos, que se diluyen en el marasmo de la fervorosidad.
Hay un culto magnético, una proliferación de determinismos, de intenciones que viajan en pos de la inmortalidad de la esencia material.
Materia, que no es materia, sino que está en función del cambio constante, de la variación mutante.
Movimiento, soplo de aire, nube en el espacio, grandilocuencia que se guarda en el armario, para seleccionar el ropaje adecuado, revestido de una solemnidad de filigrana. Ser coherente, buscar la expresividad, enaltecer las medidas de lo sutil, encontrarse en el camino para hallar el cruce que te lleva a otros caminos.
Caminos dentro de sendas, que traslucen senderos que rodean bosques, que se fijan en el lago, en las láminas de agua diseminadas en la naturaleza.
Los caminos son las formas de su escultura; los senderos, los gestos; los bosques la estructura; el lago, el desarrollo y la naturaleza el espacio. Diversas actitudes para hallar la senda concreta, abriendo espacios, zonas, composiciones, hacia la libertad de la mente.
La escultura de la creadora brasileña residente en Madrid, emerge de su interior, buscando la autopista de la serena meditación, del nirvana, que descansa en un drama sutil y silencioso, en una ausencia, en un pasado y en un presente que miran con fuerza al futuro.
Los tiempos del TIEMPO se fusionan para generar otros nuevos, que se desarrollan hacia la virtualidad de la forma entendida como expresividad dotada de realidad esencialista. Las formas de la creación escultórica y de su obra de joyería se entretienen en una danza universal, sin delimitaciones.
Liane Katsuki, la serena contemplación del movimiento formal
Liane Katsuki trabaja con conciencia, siendo una escultora y joyera realista, se introduce en las profundidades de la meditación, dejándose llevar por la conciencia cósmica universal.
En el universo hay energía en movimiento, materia que se transforma; en el espacio terrestre existe energía, materia, fuerza centrípeta, gesto en el ambiente, versatilidad hacia los cambios, potenciación de los influjos, vertebración de los nexos de unión. La armonía como determinación es la explicación de la llave que nos abre la puerta a su misterio: el de la propia serenidad.
Es una buscadora de su armonía interior a través del arte. De ahí que su escultura esté dotada de formas gestuales, de ángulos, líneas curvas y alguna línea recta. Contraste de estructuras, porque existe un diálogo.
Formas que meditan, pero también que luchan, que están ahí para ayudarnos a sobresalir, a exaltar la esencia de lo contemplado.
Hay verdad, pero también hay serenidad que hace que pueda ver las cosas con el máximo realismo. De ahí que la escultura y su joyería estén siempre colmadas de formas contrapuestas, que, en el fondo se ven condenadas a la armonía. De lo contrapuesto el equilibrio.
Su obra escultórica es fuerte, elegante, dotada de sensualidad, de formas que acarician el espacio.
La joyería de la creadora brasileña se nutre de contrastes, de ángulos diversos, de formas que se complementan, de combinaciones estructurales en movimiento compuestas de formas que se integran y que pueden presentarse de manera independiente a la vez.
La serenidad de la meditación de Liane la conduce al movimiento formal. Porque la meditación, en sí misma es la puerta que nos abre los ojos a la verdadera libertad. Existe un mundo interior, un cerebro humano inexplorado, los años pasan la juventud evoluciona, llegan los años del cambio y la verdadera potencia reside en la mente. De ahí que mucha de su producción sea mental, intelectual, fruto de la verdadera percepción de la existencia de la imaginación y la fantasía como verdaderos motores que mueven el mundo. La fantasía reside en el cerebro, en la mente, desarrollándose a través del conjunto neuronal.
La fantasía de la autora brasileña la conduce a la percepción del espacio-tiempo dentro de los alambiques de lo experimental, a partir de la contraposición matérica y la determinación estructural.
Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte
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