17 de Abril de 2003 01:37 PM

Rufino de Mingo, del Abanico al Caos

Por Mateo Berrueta - Mario Ángel Marrodán.
Miembros de la Asociación Internacional de Críticos de Arte

Rufino de Mingo, abanderado del anti-consumo, partidario del sagrario-televisión, aborda el perfil de lo sublime a través de la pluralidad de acercamientos al personaje singular de la contienda social que basa su poder en la facultad de ser y de estar más allá de lo convenido.

Abanico, libertad, aura de modernidad a flor de piel, necesidad de expresar con sorna la efervescencia de lo espumoso, que se diluye en un contexto fauto de fuegos artificiales.
Abanico, sensación refrescante, cava de la explosividad sanguínea contenida, que mira con la serenidad del alma el acontecer de los hechos. Rufino de Mingo simbolista expresivo, contundente en lo ácido, fervoroso defensor de lo estructurado a nivel de jeroglíficos para entrasacar con magnificencia la toalla dorada que reseca el sudor de los desposeídos.
Caos, Movimiento Caos, desorden y anarquía en el debate. Huevo
que aplasta al hombre de los músculos. Embudo conectado a la boca. Principito que mira las estrellas mientras a su alrededor tocan arrebato.
Mantenerse en la cualidad del hombre gris, que pulula a través
del bosque, que sube palmeras, que rodea postes de la luz, que se recrea en los símbolos del poder biológico.
Exclamación vitalista de lo singular sensual, que se entreteje en los paños menores de los instintos bajos.
Caos, desorden, prisas del hombre taciturno, sin rostro, sin nombre, que no busca encontrar su legado, tampoco es preciso que se considere a si mismo, sino que encierra una profunda magnitud de lo existencial.
Abanico y Caos, proselitismos que desembocan en la nada del horizonte, allí donde un día fuimos masa y ahora somos individuos aislados que, sin embargo, formamos sociedad.
Rufino se pregunta dónde se encuentran las fronteras para poderlas superar con la facilidad de la fagocitación universal. Hoy el sol luce con valentía en el palmeral del Caribe. Tapias, niños jugando y la playa como vigía permanente.
Hoy luce el sol y todos nos encontramos en la playa mirándonos a los ojos, mientras, el viento sopla fuerte y se lleva los eslóganes.

Rufo de Mingo, exhibe en su obra la supremacía de la lucha
en un entorno viciado en línea con un simbolismo surreal
y expresivo contundente.

Mateo Berrueta – Mario Ángel Marrodán
Miembros de la Asociación Internacional de Críticos de Arte.

Publicado por: Artesur Fecha: Abril 17, 2003 01:37 PM
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