16 de Marzo de 2003 11:22 PM

Luis Angel Burgos, la realidad intuida

Por Joan Lluís Montané.
Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte.

Luis Angel Burgos presenta a través de sus personajes el concepto de la realidad intuida que transforma el sentido que los define y que les da la transcendencia adecuada.

Luis Ángel Burgos bucea en las interioridades de la consciencia, sabe confirmar y constatar estados anímicos concretos a partir de retratos realistas que luego perfila y transforma. Aunque el detalle predomina
no es éste importante. Su obra no bucea en la hiperrealidad, sino en los recovecos de la memoria, en los fragmentos de la historia personal. Su pintura es caliente, de colores mezclados, tonos cálidos y profundos.
Luis Angel Burgos contrasta, estructura en condiciones, busca sorprender
al mismo personaje objeto de su atención para que se convierta en protagonista. Hay una visión ordenada de sus características, que se inserta en la imaginación desbordada, en las elucubraciones de un mundo mental que es complejo porque el artista lo trabaja sin describirlo.
Aborda la composición centrando sus personajes, rodeándolos de otros personajes que se instalan en el recuerdo, cual espíritus que no existen de seres que se encuentran en el segundo mundo, atrapados en una dinámica existencialista, es decir no matérica. De ahí que en toda su obra haya un diálogo entre mundos. Tanto en su autorretrato, con su clásico cigarrillo en los labios, o bien el portentoso torero de Anaite, torero galáctico, sensacional, de quien emanan los efluvios del cambio constante en continúa progresión de la concepción pictórica de Luis Ángel. Simbolista, creador de una realidad gaugeniana, fortalecido por los tics de Picasso, los arlequines y toreros dejan paso a los payasos intuidos y a las escenas más frescas de la playa singular que a todos nos rodea con la ceremonia serena de la vida que nos acompaña.
Arlequín en el filo de la cuerda, hombre que fuma que recuerda Dalí travestido
de García Lorca, niña espectacular que piensa en el más allá... Mono que mira a la arlequina en la encrucijada de las nubes danzantes. Niño que expone sus ejercicios de matemáticas en la pizarra pero que bucea en el otro yo dimensional. Sus miradas no miran a la paleta del pintor sino directamente y de forma convincente a los ojos. Pero muchas de estas miradas se pierden en el más allá de lo cotidiano y se sumergen en el complejo mundo de la realidad intuida. De ahí que, el gran mérito de Luis Ángel Burgos esté, precisamente, en elaborar un discurso interior a partir de una estructuración de ideas, concepciones y mundos, que son los que definen la auténtica personalidad de los seres que plasma.

Publicado por: Artesur Fecha: Marzo 16, 2003 11:22 PM
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