12 de Enero de 2003 11:29 AM

Pepe Espaliú

Por Joan Lluis Montané

LA FRAGILIDAD DE LA EXISTENCIA
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía

Madrid

Pepe Espaliú es un artista que evoluciona dentro de una extraordinaria coherencia a lo largo de su corta trayectoria profesional, debido a que contrajo el Sida, muriendo a los 38 años, en 1993. El MNCARS presenta una muestra muy completa de sus principales obras, del 14 de enero al 31 de marzo de 2003, en la Tercera Planta del Museo.

Dicha muestra incluye 57 dibujos, 15 pinturas, 44 esculturas y 4 fotografías, estas últimas realizadas en 1975. Nacido en Córdoba en 1955, se forma en Barcelona y, posteriormente, en París, donde asiste a los cursos impartidos por el psicoanalista Lacan, cuya influencia es grande en parte de su obra, especialmente en la configuración de su entramado de conceptos artísticos como es el caso de ‘goce y falta’. En dicha muestra se pone especial énfasis en las obras realizadas desde 1986 hasta el momento de su fallecimiento.

El rostro como eje

Pepe Espaliú comienza pintando, empleando ceras y acrílicos, apostando por un compromiso especialmente singularizado en la representación del rostro como eje vertebrador, pero analizándolo desde una perspectiva incompleta, distinta, irreverente, quebradiza, siempre envuelto en una sensación de peligro y amenaza en todo momento.
Espaliu conecta con Joan Ponç y Francis Picabia, mientras que, a nivel literario, sus concomitancias son con Vladimir Nabokov y Jean Genet. Se interroga por los universos carcelarios en que nos movemos y en los que nos encuadran constantemente para evitar fugas de libertad. Por esta razón su lenguaje es complejo, empleando simbolismos, estructurando la obra en base a concomitancias evolutivas pero llenas de recovecos y diversidad de pliegues en los que representa su universo de percepciones.

Los pliegues de la identidad

En 1987 se interroga por los pliegues de la identidad, confeccionando óvalos, máscaras y toda suerte de artificios que simbólicamente servían para enmascarar las verdades del individuo. Dos años más tarde se deja influir por las culturas negras subsaharianas. Es la época de obras como la de ‘Los Santos’. Después fue el caparazón de la tortuga, dibujado y esculpido en bronce. En su creación hay un cierto componente autobiográfico, de preguntas que más tarde tienen respuesta. Pepe Espaliú simultanea pintura y escultura, para centrarse, después, en la escultura, esculto-montajes y las performances. De hecho, su obra escultórica posee un acentuado componente de instalación.

Las jaulas opacas y el VIH

En 1991 Pepe Espaliú se da cuenta de que ha contraído el VIH y que su cuerpo lleva un cierto tiempo desarrollando el Sida. De su época de símbolos y metáforas de una realidad inventada, donde se recrea con un lenguaje crítico pero lleno de ironía social, desarrollando una obra poética de gran fuerza, pasa a la configuración de jaulas opacas, que presenta abiertas por debajo, aludiendo al concepto de pérdida, debido a la incidencia de la enfermedad. En esta línea se encuentra la instalación denominada Peter, ubicada en una iglesia de la capital inglesa en el marco de Edge. La instalación estaba constituida de tal forma que manara agua hasta llegar a los aledaños del alta. En un pequeño promontorio de escayola estaban unos cojines aptos para que se arrodillen los creyentes. Cuando el agua erosionó la base de la escayola los cojines empezaron a flotar. Una vez más el concepto metafórico de Espaliú quiso reflejar claramente la situación por la que estaba atravesando y la fortaleza de su propia fe puesta a prueba por la enfermedad. La fe eran los cojines, la incidencia del Sida era el agua que resquebrajaba la escayola donde estaban estos. Al final flotaban, no se sabe si a la deriva o no. Pero, el hecho de haber construido esta instalación supone una clara reafirmación en la fe. Y, como artista comprometido que fue, organizó planteamientos artísticos colectivos como The Carrying Proyect, en el que fue llevado en volandas por un conjunto de parejas, dando a entender de que no había riesgo alguno al contactar con un enfermo de Sida.
Fiel a su forma de entender el arte y la vida se prepara para el traspaso con la performance ‘El nido’, llevada a cabo en 1993, año de su muerte. Dicha performance presenta referencias claras a la creación del poeta persa Yalal al-din rumi, quien sostiene que se han de construir moradas con los restos de quien iba a desaparecer.
En la muestra del Reina Sofía pueden contemplar obras como ‘El nido’, de 1993, elaborada en hierro pintado. La estructura, hecha con muletas, supone incidir en un claro signo de fragilidad, dado que aguantan una estructura vital que es aire en su parte central. De 1989 destacaría la obra ‘Four provisional suicides’, de hierro y algodón, donde demuestra no sólo su agudeza social e irónica sino también su gran capacidad de recreación poética.
En escultura muy lograda es la obra realizada en bronce y cuerda, sin título, de 1990, en la que combina la fragilidad de la cuerda con la elegancia y sensualidad del metal. Mientras que, las lagunas negras que escondemos o los pozos sin fondo que tenemos, están representados en la pintura realizada en conté sobre papel, titulada ‘Detrás del rostro I’, del año 1988.

Publicado por: Artesur Fecha: Enero 12, 2003 11:29 AM
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