Por Joan Lluís Montané. Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte.
Francisca Blázquez profundiza en las dimensionalidades del color para recrearse en la forma, expresarse a partir de laberintos de propuestas que estructuran complejas madejas de pensamiento inteligible en la estratosfera de lo sensible. Busca la poesía en los recónditos parajes de la sutilidad evanescente de los limites que se intuyen pero que nunca son definitivos. Blanco y negro, oscuro y claro, profundidad y superficie, dos conceptos de su creación que van oscilando para encontrarse en un mismo paraguas magmático.
Confrontaciones de la materia con el espacio.
Superación del espacio para recrearse en las inverosímiles aguas procelosas de lo dimensional. La dimensionalidad es la constante superación de los límites prefijados, de los conceptos e ideas que surgen de la naturaleza circundante salvaje de un mundo tecnológico pero de base biológica. Multiplicidad y unicidad. Únicos parámetros válidos para saber que la progresión de la forma en el espacio no genera materia, sino nuevas percepciones de otros mundos más sensibles.
Conforme la artista avanza en la dimensionalidad, las formas son colores, los colores se transforman en espacio, éste en líneas que, a su vez, se subdividen en parámetros nuevos que prefiguran la red de autopistas de la curvatura del tiempo. No hay un tiempo definido. Simplemente hay magnitudes físicas, químicas y cálculo matemático. Pero también subsisten en el consciente y subconsciente, nuevas divisorias, estructuras magnéticas de una profundidad envidiable.
No hay trazos de control, sino un desarrollo espectacular de lo desconocido, porque la experimentación formal constante de Francisca Blázquez conduce a una generación continua de energía que se va transformando y que ayuda a generar nuevos planteamientos sublimes. El color es forma y la forma es materia. La materia es idea y ésta asienta las riendas de los conceptos que son los que impulsan a la artista a profundizar en las magnitudes que no son de este mundo; porque, aunque se pueden alcanzar con medios humanos, luego, en su posterior desarrollo, son absolutamente del espíritu.
La geometría dimensionalista de Francisca Blázquez está concebida con las ansias de la armonía universal con lo consciente e inconsciente, la materia y el espíritu, la dinamicidad de las cosas y el hieratismo aparente. Su mundo formal es complejo, pero también se subdivide en la estructuración cristalina de las ideas que superan planteamientos platonianos, van más allá de Herman Hesse, se instituyen como filamentos inteligentes de las teorías universalistas, superan el existencialismo para instalarse en la posmodernidad comprometida socialmente que busca la paráfrasis de los lenguajes en los vertederos emocionales de los corazones sangrantes y pasionales. Amor, pasión, energía, biología y espiritualidad son los códices que nos hacen entender la gran fortaleza de la artista y su concepción futurista de la geometría.
Publicado por: Artesur Fecha: Diciembre 15, 2002 11:43 AM
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