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Al intentar catalogar la obra de Docco, corremos con el riesgo de perdernos el sentir los distintos parloteos que nos propone.
Si bien no queda nada por inventar, él está convencido de que hay mucho para componer, para jugar a intercambiar formas con colores, figuras con no figuras y otras melodías. Lo que queda claro es que en sus obras encontramos todos sus placeres, dolores y perversiones envueltos en su diálogo, adornado por la musicalidad que lo caracteriza. |
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